Que extrañas son a veces las ciudades… Montones de asfalto, cemento y personas, calles con nombres iguales, calles con nombres distintos, tantas caras… Cojo mi equipaje (un libro, el movil y una vieja foto) y viajo por aeropuertos, estaciones, me monto en taxis (con su invariable Radio Taxi olé) y sueño con los ojos abiertos. Me mimetizo. Me desmarco. ¿Estoy en casa? ¿Debe parecer mi ciudad tan ajena a otros? Es posible que vean mi calle, mi ventana, o a mi, con tanta indiferencia como siento yo ahora…. Que terrible tortura la indiferencia… Que lejos me siento de mí…

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