De amigos y otras modalidades de relación

Últimamente pienso mucho en gente a quien conozco. Hay gente a quien conozco, pero no entiendo. Y gente a quien entiendo, aunque no los conozca. A veces veo a alguien y me lo imagino como una ciudad que conozco; sé cuando hay que girar a la izquierda o la derecha para llegar justo a donde me había propuesto. Otras personas me parecen desiertos, con oasis de riqueza increíble que aparecen justo cuando menos lo esperas. Hay quien es como una selva; salvaje e inexplorada. Otros son como el espacio, con reglas de funcionamiento distintas a las de mi planeta.

Últimamente dejo que todos me sorprendan y me muestren cosas que no conocía, y me parece que he encontrado filones de oro en una esquinita de sus psiques. También hay zonas oscuras, agujeros negros que parece que vayan a absorver todo cuanto yo conozco de alguien para producir un gran desastre. Odio no poder comprender ni ayudar a quien sé que lo necesita, como si fuera el arquitecto sin recursos que no va a poder salvar un puente de su hundimiento. Veo cráteres y auroras boreales. Y así, sentada, observando paisajes ajenos al mío, pienso que el magnetismo de mis polos está haciendo de las suyas, y me planteo si no habrá llegado aún el momento de mi hibernación en mi ecosistema…

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