Soy un sinfín de vicios ocultos. Alguno es confesable, pero los demás los reservo para la más estricta intimidad. La lectura, por ejemplo, es uno de los que se puede comentar. Incluso queda bien, a veces. Pero los hay peores. Como imaginar a la gente en otros contextos. No entraré en detalles, pero creo que a la camarera del bar de abajo le sentaría bien el cuero.

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