El tema de los exámenes me deja para el arrastre; me pongo de mala leche, me cuesta dormir, me duelen las muelas del juicio y un sinfín de cosas por el estilo. Así que de vez en cuando, dejo que mi cabeza vuele, que se vaya de paseo, y voy imaginando que toma forma y color.

Hoy ha sido como un pañuelo de seda, suave y liviano, que se mecía con la brisa salada que llega a mi calle. Ha volado, envuelta de partículas de oxígeno, hidrógeno y polución, en el aire lleno de ondas electromagneticas, auras de colores y palabras pronunciadas por extraños. Se ha calentado con el sol, y sus tonalidades han ido cambiando, hasta que la he cogido al vuelo, antes de que cayera al suelo y la gente la pisoteara sin contemplaciones.

Y es que, señoras y señores, no hay nada mejor que el estrés para perder el tiempo con cualquier tontería.

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