– Lujos

Ayer tuve una conversación reveladora con mi nuevo jefe. Fuimos a ver a un cliente un pelín lejos, y el trayecto lo pasamos hablando sobre las cosas más variopintas. Evidentemente, el tema derivó a las aficiones. Él me contó que estaba estudiando fotografía. Yo le conté que, a parte de la carrera, sigo yendo (o no) a Danza del Vientre.

Él me dijo que son ésos pequeños lujos los que ponen la sal de la vida.

Yo, sin pensarlo, le espeté que mi auténtico lujo era permitirme perdérmelo.

Y creo que es cierto; un lujo no es algo que deba hacerse por obligación, sino cuando una está a gusto con ello, cuando de verdad le apetece. Y a mí vuelve a apetecerme. Asín que voy a sacudirme la pereza y volver a ser la bailarina aplicada que era hace cinco años.

Ése será uno de mis propósitos de año nuevo.

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