– Frío

Ayer miraba por la ventana abierta, mientras una racha de aire gélido sacudía los portones de madera. De pronto, a unas cuantas calles, las campanas (aún no sé de dónde) empezaron a dar las siete de la tarde. No pude evitar sonreír. Me pareció casi grotesco darme cuenta de que pase lo que pase, el mundo sigue girando.

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