La historia del loco

Miré por la ventana de mi casa y vi que era tarde. La luz del día había desaparecido y, en su lugar, reinaba la espesura de la noche urbana. En el piso tengo varios relojes, todos regalos de mis hermanas, que, por algún motivo que todavía no he podido determinar, parecen pensar que tengo la necesidad casi constante y muy apremiante de saber siempre qué hora es. Pensé que las palabras eran eran la única hora que necesitaba en este momento, así que me tomé un respiro para fumarme un cigarrillo mientras reunía todos los relojes y los desenchufaba de la pared o les quitaba las pilas para que dejaran de funcionar. Todos ellos se habían detenido más o menos en el mismo momento: las diez y diez, las diez y once, las diez y trece. Tomé cada reloj y moví las manecillas para eliminar cualquier apariencia de congruencia. Cada uno de ellos estaba parado en un momento distinto. Una vez logrado eso, reí en voz alta. Era como su me hubiera apoderado del tiempo y liberado de sus limitaciones.

John Kafzenbach

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