Trantor

De vez en cuando me levanto por la mañana y me doy cuenta de que sigo siempre la misma dinámica, más o menos dormida, pero invariable e inevitable. Vivo entre moles de cemento, acero y cristal, sumida en un pantano de tecnología, víctima y partícipe de algo artificial y fascinante.
A veces miro una puesta de sol y me parece tan lejana que creo que carece de sentido, que es tan sólo un alarde (tal vez un anuncio) de cuanto queda más allá de esos colores vibrantes y chillones. Miro cómo la noche se acerca y me preparo de nuevo para salir al ruedo, con los mismos carteles, sumida en mis propias ilusiones que me devuelven al círculo una vez más… Ese círculo al que adoro, del que me siento parte, del que no podría prescindir.
Y son esas veces, cuando, hablando de futbol a la hora de comer o eligiendo el traje que voy a llevar mañana, siento que vivo en Trantor, un mundo con las horas contadas, aunque sean aún muchas. Y me siento libre en mi celda, con un capítulo de Enciclopedia por narrar… Ése capítulo que lleva mi nombre y el de quien ha elegido venir conmigo. Un capítulo que voy a llenar de historias de final feliz, que van a ser mi historia y mi legado. Voy a dejar por herencia la consciencia de que se puede ser feliz aunque cueste.

Muchas gracias, mi amor.

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