Bola

Hay veces que los sentimientos se acumulan. A veces me sucede que los noto en la barriga, formando una especie de pelota que no va ni hacia arriba ni hacia abajo, y termina por dejarme hecha un cuatro (calambres y malestar físico incluído).

En estas ocasiones, supongo, lo que toca es imaginarlos como un ovillo de lana del que hay que buscar el extremo para ir tirando de él, desliando poquito a poquito, y reducir el tamaño de la bola hasta poder sacarla con una relativa comodidad. Como hacen los gatos con el pelo. No es más que un sistema de limpieza.

No estoy jodida, pero no estoy bien. Me temo que, de momento, no sé encontrar ese cabo. Hoy me he quedado en casa buscándolo.

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