Viernes por la mañana

Es muy temprano. Imperator se ha ido hace un ratillo a empezar el proyecto que va a tenerle (que va a tenernos) embargado todo el mes de febrero. Es por una buena causa, claro, pero esas cosas cuesta mantenerlas en mente el primer día que el despertador suena a las cinco de la mañana y toca joderse y ponerse en movimiento. Rápido o pierdes el tren. Hasta los gatos tenían cara de sueño.

La muerte del abuelo de Imperator ha sido ampliamente comentada. Es un tema que, por descontado, le afecta a él, a su familia y a quien le quería, le quiere y le seguirá queriendo. Es una de aquellas ocasiones en las que lo mejor que una puede hacer es bajar de su podio egocéntrico, quitarse maquillaje, boas y tacones y pasar al más discreto segundo plano, para estar ahí por si alguien la necesita. Siempre desearías poder hacer algo más, pero la experiencia dice que no puedes (y que no debes) llevar la cruz de otro. Solo queda animar desde el burladero y, tal vez, tener a mano algo de agua y una muda para cuando termine el via crucis. C’est la vie.

Por mi parte hay pocas novedades. La semana que viene vuelvo a trabajar. Probablemente ahí me esperen cambios, pero hoy por hoy me da lo mismo. No ando yo muy motivada últimamente con este trabajo esta empresa. A veces sucede cuando crees demasiado lo que te venden, y de repente te encuentras con que las cosas son diametralmente opuestas. Al final, claro, ves que el error ha sido tuyo. Que las normas eran las que eran desde el principio y que, tonta de tí, te has equivocado de juego. No es plato de mi gusto, pero ahora, al menos, estamos en igualdad de condiciones.

Por otra parte ando planteándome que el cambio de plan en mi carrera puede tener graves repercusiones si no termino a la voz de ya las últimas dos asignaturas que ahora mismo tengo colgadas. Ahora viene cuando le cuento al respetable que mi plan maestro consistía en estar a tiro de piedra de terminar la carrera mientras hacía otra para poder aprovechar la simultaneidad de estudios y no tener que pagar los créditos de la segunda carrera a precios de crédito de segunda carrera, que me toca mucho las narices tener la sensación de que en este puñetero país querer estudiar más de la cuenta está penalizado, leches. El efecto que tendría en mi expediente la aplicación de Boloña es que, al adaptarlo al plan nuevo, mi promedio quedaría en lo que toda la vida se ha llamado “un sufi pelao”. Sí, señoras y señores. Una asignatura adaptada vale exactamente eso. Ya puede haberte costado tiempo, esfuerzo y dinero, que el promedio de tu carrera puede pasar de notable a suficiente de un plumazo, y nunca más tendrás registro de tus notables, excelentes ni matrículas de honor (sí, yo tengo alguna de esas en mi expediente); todo pasará al aséptico “adaptado”. Entendámonos; no es que yo necesite el promedio de marras para nada… Pero, coñe, que me lo he sudado. Me repatea, qué quieren ustedes.

Y como dice el dicho; “la familia bien, gracias”. Y supongo que en términos generales viene siendo cierto. Poca gente de mi edad puede preciarse de tener aún tres abuelos vivos. Yo voy a aprovechar la circunstancia mientras dure, que me temo que no va a ser mucho. Al padre de mi padre le diagnosticaron antes de navidades un tumor en la próstata. A pesar de su edad (pasa de los 85) y debido a que es completamente autónomo, tiene un muy buen estado físico (para su edad, claro) y mental y una calidad de vida excepcional, van a operarle. Falta que las transfusiones de sangre que le están haciendo ayuden a mitigar su anemia y se atrevan, por fin, a meterle en quirófano. Mi abuela (su esposa) anda también con transfusiones desde hace ya algún tiempo porque el hígado no le funciona demasiado bien… Y a mí me horroriza pensar en que mi padre pueda quedarse viudo y huérfano de padre y madre en menos de un año. Que ya es mayor, pero sigue (o seguía) siendo esposo e hijo, además de mi padre. Y del otro lado de la familia… Mejor ni hablamos.

Y ahora dejo ya de quejarme. Al fin y al cabo todas estos quebraderos de cabeza son una minoría, aunque ruidosa como acostumbra a suceder con las cosas incómodas. Mi vida, este viernes, va a consistir en hacer turismo, preparar rissotto y, tal vez, sushi, y aprovechar que aún tengo abuelos a quienes llamar.

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Una respuesta to “Viernes por la mañana”

  1. Imperator Says:

    No creo que llegue nunca a darte lo bastante las gracias por todo, con boa o sin ella.

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