Un día más, un día menos

Mi abuelo se está muriendo. Últimamente parece que todas las entradas que escriba vayan a estar preñadas de lo mismo (una voz socarrona suena en mi cabeza repitiendo que esto no va a durar eternamente, claro), pero, hijo, es lo que hay. Mi abuelo lleva tiempo muriéndose, pero últimamente más.

En realidad lleva ya tiempo en el hospital; ingresó con un tumor en la próstata, le quitaron el tumor, tuvo una infección y ahí sigue, el tío, seis semanas después. El viernes poco después de las siete de la mañana mi padre me llamó y me explicó que se estaba apagando ya del todo, que se le habían inundado los pulmones y le habían tenido que poner morfina. Porque hay pocas cosas más angustiosas que ahogarse, y para alguien que lleva ya lo suyo (cuyo cuerpo lleva tiempo luchando contra una infección y está viejo y cansado) estar sin respiración horas y horas debe ser la peor de las agonías. Salí corriendo de casa y me fui a la clínica con la intención de darle un último besito (como si eso pudiese realmente marcar alguna dierencia) y me despedí de él, de su cuerpo húmedo por el sudor frío, de ese señor que ha estado ahí toda mi vida. Solo pude desear para mis adentros un buen viaje.

Esa misma tarde, después de comer entre amigos, lloré un par de océanos. Porque arrastro últimamente un montón de despedidas y de chascos. Porque últimamente tengo una enorme sensación de futilidad. Porque no puedo evitar sentirme terriblemente sola, y a vces me asaltan mil fantasmas poniéndome en mil situaciones cercanas (tan cercanas que a veces son la mía propia) y me doy cuenta de que no quiero estar ahí. De que no quiero sudar y sufrir tanto para eso. Y eso es lo que me espera, guste o no.

No me alivia pensar que es lo que hay, y no me alivia en absoluto intentar darle la espalda a esa realidad. Sé que no debo vivir pendiente de eso, pero a veces me veo como una cría, asustada de los monstruos del armario y de debajo de la cama. En cada rincón hay un armario, y siempre termino durmiendo en una cama. Piensa en maripositas y en gatetes. Piensa en chocolate. Piensa en pegar y cortar cartulinas de colores. Y no me sale, oigan. No me sale.

El sábado mi abuelo mejoró. Empezó a expulsar líquido y recobró la consciencia. Vio el partido de basquet. Preguntó si había ido a verle su hermano. Y yo volví a casa (a comer a las siete de la tarde) feliz, sabiendo que al menos no sufría. Y desde entonces su estado ha sido una montaña rusa. Y mi abuela, mis tíos, mis primos y hermanos, mi padre (que ha enviudado hace tan poco) viven con los oídos pendientes de una llamada de movil y los ojos inquietos, igual que a ratos me veo yo.

Me muero de impaciencia y de impotencia. Cuando murió mi madre me cabreé con mi abuelo, porque se le ocurrió decir que eso había sido muy duro para nosotros, que “si al menos hubiera estado enferma nos habríamos hecho a la idea”. Le dije que no entendía cual era su forma de querer, deseándole a nadie una agonía. Le sentó como un tortazo. Y a ratos me pregunto si entre sus claros y sombras recuerda, ahora, cuando hablamos de eso. Ojalá no lo recuerde. Ojalá se haya perdido en algún rincón de su memoria y jamás vuelva a pensar en ello.

No me gustan las despedidas, pero puestos a decir adiós no veo por qué alargarlo. Espero que si vive lo que le quede le resulte fácil. Y que si se tiene que despedir lo haga como los señores; dejándonos a los demás con ganas de más. Creo que es así como debería ser.

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8 comentarios to “Un día más, un día menos”

  1. Imperator Says:

    :***

  2. molecula Says:

    Un abrazo de oso, corazón. Te lo mando exprés.
    Y si este verano te apetece que nademos con delfines, tengo apartamento en Cádiz. Kelosepas.

  3. Deirdre Says:

    Mucho ánimo, cariño. Yo también le deseo a tu abuelo un buen viaje.

  4. Fantine Says:

    Un abrazo enorme, guapetona, sabes que me tienes para lo que necesites. Y a ver cuando os dejais caer de nuevo por Madrid y te lo puedo dar en persona 😀

  5. vanesancho Says:

    Un petonàs enorme, guapi.

  6. persefone Says:

    Un abrazo enorme, guapa. Yo sé por lo que estás pasando ya que mi abuelo y mi abuela estuvieron mucho tiempo como una montaña rusa. Ellos estuvieron en casa porque ,en Andalucía, la familia es la que “carga” con todo el curro.
    Si necesitas cualquier cosa, ya sabes dónde estoy.

  7. Tiberio Says:

    Siempre he sido muy malo para estas cosas… Sólo se me ocurre mandarte un abrazo, Vicky

  8. nurnoteson Says:

    Muchas gracias a tod@s. Y que sepáis que tomo nota de todas las propuestas de chapuzones, alojamientos, delfines y sexo gratis. ¿Que eso era en la otra ventana? Ah, pues vale, pues nada 😛

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