Empacando.

Mi abuelo sigue vivo, y ha mejorado. Cuando la situación parecía ya insostenible el buen hombre ha sacado fuerzas de algún sitio (sospecho que parte ha sido hasta de masa muscular, porque lleva ya perdidos más de 30 kilos, y no estaba obeso) y ha salvado la inundación de sus pulmones, una crisis cardíaca, flebitis en casi cualquier sitio en el que le han podido poner una vía… Y ahora anda reponiéndose, cada día un rato más sentado, cada día comiendo un poco más. Mi abuela también ha adelgazado lo suyo, y ahora, ambos con ese aspecto flacucho y demacrado, me recuerdan a un par de pajarillos en un nido accidental en el Hospital del Mar. Olé por las enfermeras que les cuidan a ambos (a mi abuelo, ingresado, y a mi abuela que debe ser ya la abuela de media clínica), olé por los doctores y olé por todos los que han apechugado con el enfermo y con la familia. Conmigo entre ellos. Gracias a todos.

Por otra parte, finalmente, tengo panificadora. Los primeros experimentos han sido un éxito rotindo (ha habido éxitos de pipas, de orégano cn parmesano y de miel con avena) con algún experimento fallido (una masa de pizza desbordada, podría haber sido peor). Ahora, a cualquier persona que pasa por casa le enseño unos señores chuscos de pan de sabores que probablemente solo me hacen gracia a mí, pero, oye, bien chulos que me han quedado :).

Por lo demás, agradezco que el tiempo vaya siendo cada día un poco más amable. Me encanta abrir los ojos por la mañana y entrever luz entrando por la ventana, y las plantas del balcón recobrando vida y colores. Hasta el comedor parece más grande antes de anochecer. Creo que hasta yo me hago un poquito más grande.

Y con todo esto he empezado a empacar. Nos vamos una semana a andar, hacia Santiago, como podríamos haber elegido Montserrat. Bueno, vale, lo de Santiago está mucho más preparado. Pero me hace una ilusión insensata. Tengo ganas de andar, de dejar atrás caminos, pueblos, casas y gente. Tengo ganas de dedicarme unas horas al día a no hacer nada más productivo que poner un pie enfrente del otro e ir cambiando el peso. Estar con Imperator y conmigo. Puede parecer una tontería, pero tengo la teoría que a veces me conviene hacer ejercicio de este tipo para tener un tiempo para volver a conocerme y reconciliarme conmigo misma. Tal vez ese sea el misticismo que encierra el camino. Algo tan pagano como volver a presentarse a uno mismo. Tengo ganas de probar.

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4 comentarios to “Empacando.”

  1. Imperator Says:

    A mí también me hace una ilusión insensata y absurda… pero la ilusión no puede ser eso 😀

    Y sí, básicamente el misticismo es en un 90% estar con uno mismo y pensar, no importa la religión que digas profesar.

    :***

  2. vanesancho Says:

    Tan pagano… y tan humano 🙂

    Me alegro un montón de lo de tu abuelo, guapísima. :*

  3. Fantine Says:

    Para mi el Camino fué una de las experiencias mas chulas de mi vida (vale que estoy un poco limitada en lo que a éstas se refiere, pero bueno). En él se combinaron deporte, turismo, cultura, una gran relación de hermandad con los compañeros de viaje, … Vamos que lo repetirías y se lo recomiendo a todo el mundo 🙂

    Pasadlo bien por mi tierra, y llevaos chubasquero, que las previsiones de tiempo son de lluvia toda la semana!

  4. kalruth Says:

    Encantada de haberte conocido! 🙂

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