Dante a las 8

Este trabajo mío hay veces que te tiene, en sentido literal y en el figurado, en una pecera.

Mi pecera física es este cristal blindado que me separa de los clientes; esas figuras, a veces tan indistintas, que pasan delante mío. Realmente, viendo tantas caras al día, conociendo tantas historias por semana, me pregunto a menudo que para qué quiero televisor. Esto es más ameno e interactivo. Tienes culebrones, grandes retos, historias sin “chicha” y un montón de relleno sin más gracia.

Mi pecera física me mantiene a salvo de violentos y alcoholicos, y me aparta de sus dramas. Es como un gran condón; te quita sensibilidad, pero te mantiene segura.

Mi pecera psicológica me pasa, como si fuesen diapositivas, caras, sonrisas, ojos sin alegría en las comisuras, manos llenas de necidad, de aburrimiento o de nervios. Me mantiene alejada de esta gente sobre la que tengo tan poco poder, de sus vidas, de sus dramas y de sus logros. Todo lo que tengo son crónicas; historias que me cuentan y que acumulan polvo en los rincones, vivencias de tercera mano, aguadas.

A veces Dante se pasea por la oficina a las 8, o a cualquier otra hora. Hoy me ha subido un círculo hacia el cielo, dejando (aún no sé por intervención de quien) las cosas en el orden que tenían ayer a esa misma hora, despejando todas las dudas de un plumazo, aunque sea solo por un rato. Vendría a ser como el telediario de la mañana el día que no trae drama*. Luego me ha llevado al infierno de la mano de un chico más joven que yo, rubio y en buena forma física, que a penas podía hablar, todo pupilas dilatadas y tics nerviosos, atufando a alcohol y pidiendo dinero. Una peli de Zombies, de esas que te dejan el estómago inquieto. Cómo te gustaría avisar a la chica de que no baje al sótano, y sabes que tus esfuerzos serán igual de estériles.

Yo, claro, me agarro a mi guía y le sigo, arriba y abajo, a salvo en mi pecera. Pero esta programación, tan temprano por la mañana, sabe más fuerte cuando aún no llevas suficiente café en el cuerpo.

* “Llévese El Caso, que trae muerto”. Que me aspen si no es de las expresiones más castizas, casposas, pintorescas y divertidas que he llegado a oir en mi vida.

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