Esto va de bajada y sin frenos, que a la que te despistas ligeramente se te está acabando Noviembre y ya toca pensar en RAM, Navidades y demás cosas propias de la época. Por partes:

En las últimas semanas he visitado Madrid en dos ocasiones, ambas por placer. Bueno; la excusa original (totalmente cierta, por otra parte) es que últimamente a Imperator le ha salido un montón de trabajo por ahí, cosa que él, hábilmente, aprovecha para pasar más tiempo en los bares que en las aulas. El caso es que, a parte de unirme a parte de las celebraciones (las que me permiten el escaso tiempo que puedo pasar por ahí) he aprovechado para ver a un montón de gente a la que quiero. Y, cómo no, ha vuelto a cobrar fuerza la idea de escaparme(/nos) una temporada a vivir por ahí. Qué queréis que os diga; a pesar de los cambios que se han producido en mi vida en los últimos dos años, o tal vez precisamente por ellos, tengo ganas de cambiar de aires, y Madrid seria un sitio maravilloso para hacerlo… Como casi cualquier otro lugar, con la gran ventaja de que ahí tengo amigos, y eso siempre facilita las cosas. El gran inconveniente es que tal como está ahora el tema del trabajo en general y las movidas de mi empresa en particular veo complicado poder tener el translado facilmente. Qué cruz…

Por otra parte hace dos o tres semanas se me volvió a meter en la cabeza la idea de apuntarme a algún algo de geología, más concretamente un curso relacionado con su prima la pija; tallaje, engastado y clavado de gemas. Es una vocación que arrastro desde pequeñita (creo que aún guardo mis colecciones de minerales y la resaca de trabajar en una joyería durante tres años mientras hacía la carrera) y que quedó ahí, cubierta de polvo a la sombra de lo que siempre consideré trabajos más serios y con futuro. Ilusa de mí. Serendipias de la vida, el día después de ver que los monograficos de geología que imparten en la universidad quedaban fuera de cuestión por conflicto de horarios con el trabajo apareció por la oficina un joyero con el que me puse a hablar. Cuando le comenté todo esto me dio la referencia de la escuela del gremio de joyería que visité esa misma tarde (en realidad estaba por la zona por unas gestiones que tenía que ir a hacer allí cerca… o eso es lo que me cuento) y resultó ser un ensueño de academia, modelo de flexibilidad y personalización en función de las necesidades del alumno. Me he enamorado. Sus me comentó que en su opinión mi vocación son las vocaciones… Y no creo que le falte razón. Siempre encuentro cosas interesantes y bonitas por hacer y explorar, y cada nuevo descubrimiento me produce una sensación de cosquilleo en el estómago y me dibuja una sonrisa muy ancha en la cara (modelo raja de sandía), como si me pusiesen delante una lámina de papel enorme y un montón de pintura para dedos. La gran cuestión, claro, es tratar de imaginar cuán lejos voy a ser capaz de llegar con esto si decido apuntarme, si va a salir la oportunidad de trasladarse y voy a tener que dejarlo a medias o si me voy a sentir abrumada, o cansada, o me va a dar pereza… Casi todos ellos son puntos en los que trato de sobreponerme a mí misma, más aún ultimamente. Trabajo en cosas que, a priori, tienen toda la pinta de que puedan quedarse a medias una vez en mis manos a causa de una extrema fascinacion con cualquier otra cosa brillante o de colorines que asome por el horizonte. E incluso, a veces, lo consigo.

Hoy es el cumpleaños de mi hermano, que pasa a ser mayor de edad. Se ha convertido en un tiarrón de casi 1’90, rubio y con los ojos verdes. Sigue recordándome al bebé bonito y gracioso que fue una vez (eso ha sonado casi más a madre que a hermana), y ahora está haciendo prácticas en un hospital, tiene novia y lucha por salir de una adolescencia complicada. Como me habría gustado que mi madre lo hubiese podido celebrar con nosotros (las fiestas no son lo mismo sin ella). El caso es que nos ha pedido que no hagamos una gran celebración; una cenira sencilla con pastel en casa hoy y algo un poco (no mucho) más en condiciones el sábado. Nos ha pedido regalos sencillos y prácticos; una mochila, un reloj, un despertador, una cama nueva… Y me ha alegrado que el resto de mi familia haya decidido respetar sus deseos. Así que espero que hoy tengamos una celebración tranquila y agradable, y que mañana sea otro día.

Se me quedan cosas en el tintero, pero debo ponerme a hacer varias cosas, tengo un par de sapos que tragarme y hay por aquí tres gatetes que requieren de mi atención.

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Una respuesta to “”

  1. Sus Says:

    Chica, si al final te animas a apuntarte a la escuela, cuenta conmigo para lucir tus creaciones. Incluso aunque no lleven nada de leopardo… 🙂

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