La anécdota del día

Quiero que imaginéis la escena. Diez de la mañana, hora zulú. Entra un señor en la oficina (sesentaytantos, de aspecto impecable, camisa remetida y frondoso peluquín negro) agitando un sobre y repitiendo una y otra vez “Dile a Pepe que este mes y el que viene estos recibos no me los mande a casa, que me los guarde en la oficina”. A partir de ahí el trabajo ha sido mío para hacerle entender:

1) Que sería un detalle que me diera su nombre para poder comentarle a Pepe (el subdirector) quién había venido.

2) Que con la simple visión del sobre (que además estaba VACÍO) no podía saber a qué recibos se refería.

3) Que los recibos no se imprimían, ensobraban y mandaban desde la oficina.

4) Que a mí nadie me avisa cada vez que a un cliente se le manda una carta para decidir si está bien que se le envíe la misma o no, y que no puedo pedir que se envíen concretamente unos recibos a la oficina y otros no.

5) Que siempre que quiera puede pasar a pedir duplicados de los recibos, que no se los cobraremos.

… Y un largo etcétera. Y lo chocante de la historia es que aquí todo el mundo está convencido de que estas cosas no las hago yo porque no me da la real gana, porque seguro que el bueno de Pepe lo hubiera hecho.

Me gustaría, de verdad, deciros que esto es anecdótico, pero no puedo. Ya no sé si seguir fascinándome o empezar a mosquearme.

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2 comentarios to “La anécdota del día”

  1. Marta Says:

    ¿El bueno de Pepe lo hubiera hecho? Pues que lo haga. Mira:

    Fulano quiere tal cosa rara y le dices que no, y le explicas por qué.
    Fulano insiste en que necesita esa cosa rara, y tú sonries, y le dices: “Veré qué puedo hacer”.
    Dejas una nota en la mesa de tu jefe con el asunto en cuestión y con toda profusión de detalles.
    Cuando venga el cliente, le dices sonriente, que ya has puesto su problema en manos del bueno de Pepe.

    El resultado de esto es que el cliente verá que tú haces todo lo que puedes, todo lo que este cruel sistema te permite.

    Porque vamos, eso de cobrar la mitad que el subdirector y comerte el doble de marrones no acabo yo de verlo claro. Que se los coma él. Tú tienes que hacer creer al cliente que estás de su parte.

  2. persefone Says:

    Eso es como los padres que vienen a hablar contigo porque creen que no se les informa bien desde el instituto. Tú intentas hacerles ver que eres sólo una persona y que no puedes estar pendiente de los 150 alumnos que tienes como si fueras su madre. Y no lo entienden. Que si la educación no es lo que era, que si no sabemos hacer nuestro trabajo. Oiga si quiere le dejo mi puesto y me quedo el suyo de funcionario sin responsabilidades y tan felices.
    Y encima no entienden que tú no puedes hacer las cosas como ellos quieren porque los de la consejería ponen las normas. Pues no, la culpa la tienes tú que no quieres hacerlo.

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