Problemas actitudinales

Últimamente estoy escribiendo mucho sobre el trabajo. Claro, el resto va como deben funcionar las cosas; Bien. Mi padre está contento (al menos la mayor parte del tiempo), mi hermano anda hecho un titán, Imperator está triunfando con su trabajo, el despegue de nuestra nueva empresa va a pedir de boca (un poco lento, pero eso está dentro de lo previsto), mis amigos sieguen siendo la gente más cojonuda del universo y las cosas que hago (alguna de ellas os la voy a mostrar más adelante) me hacen inmensamene feliz.

Pero, ah, la condición humana, que hace que cuando hablamos siempre pensemos en la chinita en el zapato, y pocas veces contemos lo bonito que es el paisaje…

La cuestión es que el trabajo me tiene quemada, pero tiene sus momentos. Después de una semana relativamente tranquila en la que hubo un

Yo, vista por mi Gran Jefe.

grandísimo momento, cuando me reuní con el Gran Jefe, que dejó caer en medio de la conversación que yo tenía “problemas actitudinales”. Y, fíjate que cosas, es una de aquellas frases que en su momento oyes, pero que al carecer de mucho sentido no entiendes (a qué se refiere) hasta que ha pasado un rato, en uno de esos enormes momentos de escalera. “Problemas acitudinales”, oigan. Puede parecer raro, pero me hizo una gracia inmensa, porque me ví a mí misma como una especie de M.A. Barracus de la vida a los ojos de ese gran jefazo. Y la cosa no deja de tener su gracia. Desde aquél día a veces suelto la coletilla. “Mis problemas actitudinales y yo nos vamos a desayunar”. Los compañeros del curro se tronchaban.

Supongo que es natural; no se puede (ni es conveniente ni sano) gustar a todo el mundo. Y menos aún si lo que la gente espera de tí es que seas un corderito manso, que se calle sus opiniones y que no cuestione las decisiones (buenas o malas) de los demás. Esta etiqueta me la han colgado dos personas a quienes personalmente desprecio sobremanera, así que no me molesta. Al contrario. Y el hecho de que sean personas que ostentan posiciones de cierta relevancia y que sepan que mis problemas actitudinales y yo seguimos en nuestro sitio, y que me tomen como un grano en el culo… Qué queréis que os diga, me divierte. A veces resulta desagradable pero, visto con frialdad, no está nada mal.

La Alianza de Möbius - Mi idea, diseño y producción.

En otro orden de cosas he descubierto que mi recién adquirida afición por la joyería me hace inmensamente feliz. Y hasta parce que se me da bien. Es un mundillo en el que estoy entrando, poco a poco, pero empiezo a hacer cositas y a diseñar algunas piezas… Sencillas, claro. Pero en mi sexta clase, con la inestimable ayuda de mi profesor, que tiene el mejor carácter del mundo y toda la paciencia del universo, he diseñado y hecho una prueba de alianzas, que si todo va bien, serán las que usen unos amigos en su boda. Es un anillo inspirado en la cinta de Möbius, y me gusta un montón por su sencillez y por la idea de continuidad que, creo, es lo que se debe buscar en un símbolo de este calado.

La foto, claro, no hace exactamente justicia, pero me siento muy orgullosa de ella (la alianza, quiero decir, que la foto es muy mejorable).  Y así están las cosas; tranquilas. Ojalá se pudiera hacer puntos de restauración de la vida. Yo ponía uno aquí y ahora.

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Una respuesta to “Problemas actitudinales”

  1. Imperator Says:

    Tus problemas actitudinales y tú tenéis que veniros al sofá conmigo. Ahora.

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