Templado

En esta vida hay miles de millares de cosas que hay que aprender a templar. Yo, últimamente, ando trabajando con materiales tan distintos como el metal y el chocolate. Son procesos que tienen sus paralelismos; someter el material a la temperatura adecuada, enfriarlo, trabajarlo. Y se consiguen cosas muy distintas; que el chocolate quede lustroso y brillante y que el metal resista y sea más maleable. Evidentemente se aplican técnicas distintas a finalidades distintas, y no se puede templar el chocolate con un soplete, ni tiene demasiado sentido meter el metal en un baño maría y esperar el resultado adecuado.

– Basta de símiles estúpidos, nena. – Se oye desde el fondo.

Pues fíjate, yo no lo veo tan estúpido. Yo, como el chocolate y el metal, necesito templarme de vez en cuando. Porque hay veces que conviene dejar de estirarse y pasar al templado para ganar resistencia y maleabilidad y poder adoptar nuevas formas sin que un simple golpe tenga posibilidades de romperte en pedazos, y otras en las que un templado mucho más dulce puede conseguir hacerte brillar sin cristalizarte ni quemarte. Hay que probar para conseguir la maestría en el arte del templado, y quien diga lo contrario es que no lo ha probado o que ha tenido una suerte infinita acertando a la primera.

La cuestión es que los indicadores de haber encontrado el punto adecuado no se compran en formato termómetro ni dan un resultado numérico. A veces son profundamente equívocos, como las personas. Como una misma. Y hay veces en las que, por mucho que crees que lo haces todo bien, el resultado final se parece a lo que esperabas como un huevo a una castaña. No siempre es para mal, pero normalmente te sorprende.

¿Y aquí, baño maría o soplete?

Y así ando yo, entrando y saliendo del baño maría, bañándome en borax y considerando otro toque con el soplete mientras miro con mucha atención, adentro y a fuera, y cruzo los dedos mientras intento no olvidarme de nada de lo que no tiene que ver con templados ni demás tonterías de pija primermundista. Que a veces tengo que recordarme que, al final del día, mi vida es de auténtico lujo.

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2 comentarios to “Templado”

  1. Earendil Says:

    Me gusta la entrada.
    Siempre es bueno recordar que tenemos capacidad y herramientas para currarnos y adaptarnos a lo que suceda.

    Un beso.

  2. j Says:

    No sé si se utilizará mucho por donde vives o si habrá dejado de decirse como por donde yo vivo, pero antes se oía mucho la expresión “es un tío muy templado” para referirse a alguien con buen rollo, aplomo y virtudes varias.
    Digo yo tras conocerte, que tus empeños en templados y baños marías van bastante bien.

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