Archive for the ‘mi vida’ Category

Toda la belleza del mundo.

26 septiembre 2012

Habrá quien diga que lo más bello del mundo es un lugar, tal vez un amanecer, una joya. Habrá quien piense que la belleza es una persona a quien aman, o un actor, o tal vez su penador favorito, por eso de darle un tinte intelectual a su elección. Para cada cual la belleza es algo distinto, desde luego.

En el año y largo que hace que no pasaba por aquí mi vida se ha dado la vuelta como un calcetín varias veces. Supongo que si alguien lo mirara desde fuera ahora mismo pensaría que me drogo. Tal vez estén en lo cierto, no lo voy a negar. Pero a veces los mayores cambios pasan desapercibidos excepto para quien los vive, y supongo que este es el caso.

Y es verdad, oigan; yo tampoco he cambiado tanto. Supongo que, para desconcierto y disgusto de más de un espectador, en las grandes cosas sigo más o menos igual. Pero sí es cierto que he aprendido a ver las cosas de una forma distinta, aunque en este momento aún no sepa qué hacer exactamente con ello. “Farfollas, nena, esto no es más que bullshit.” Pues tal vez, oiga. Ya se verá. Yo sí lo noto. Mi percepción se ha cubierto de pátinas y barnices y estas, ahora mismo, lo transforman todo.

Sí puedo decir que me ha ocurrido algo maravilloso; el nacimiento de mi hija. Será orgullo de madre, o las hormonas que nos vuelven a todas imbéciles o cualquier otra cosa a la que el respetable tenga a bien achacar este nivel de exaltación, pero lo cierto es que cada vez que la miro, la acaricio, la huelo u oigo sus ruiditos me parece que estoy tocando la creación más perfecta de la historia de la humanidad, la perfección hecha carne. Ella es lo más bello del mundo hasta donde han podido llegar a ver estos ojitos. Pueden llevarme la contraria, aunque en el fondo todos sepamos que están ustedes equivocados. No se lo voy a tener en cuenta.

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Una lista cerrada.

24 mayo 2010

Una de las cosas en las que Imperator contribuye a la riqueza del día a día en mi vida es que aproximadamente cada semana descubre un nuevo sistema de gestión del tiempo y decide contármelo (cosa que me encanta y le agradezco enormemente) y, claro, ponerlo en práctica. Normalmente los sistemas que perduran más consisten en apuntar ingentes cantidades de cosas. Lo que has hecho, lo que vas a hacer, lo que te gustaría hacer algún día… En listas distintas en una misma hoja o en hojas distintas. Ello representa para mi casa la ventaja adicional de que es raro encontrar alguna libreta virgen de las decenas de las que pueblan las estanterías, porque normalmente están marcadas y contienen alguna lista de algo, y a menos que sea mía será una lista pulcra, ordenada, escrita con letra apretadita y con las mayúsculas grandes y cuidadas, que a penas tendrá sentido, pero que da mucho gustito a la vista. Me encanta.

Pero, claro, una es débil y pudiendo vivir sumida en el caos y el maremagnum del día a día sin contemplaciones, ve todos estos ingentes esfuerzos por domesticar el tiempo (como intentar pastorear gatos) y le da por intentarlo. Tengo que reconocer que la mayor parte de las cosas no me han funcionado; por falta de constancia, por desidia o por otros mil motivos, pero sí aplico un par de normas básicas… Cada vez que decido que no me organizo suficientemente bien, cosa que sucede de vez en cuando.

  1. Creo una lista cerrada con las cosas que tengo que/quiero hacer y que están pendientes. Esta parte es importante, porque en épocas de agobio, de llevar muchas cosas encima y de querer llegar a todas partes, el crearse obligaciones confundiendo el placer con el “deber” (concepto este que merece un análisis a parte) puede convertir hasta las cosas más divertidas en un auténtico asco, en una obligación más.
  2. No añado nada que no sea puramente imprescindible. La lista es cerrada, y eso significa que por grande que sea la tentación (y a veces es muy muy grande) no hay que coger nuevos compromisos, ni apuntarse a mas actividades, ni tomar compromisos continuados o a largo plazo distintos a los que ya están en la lista. Ahora es cuestión de centrarse en ellos.
  3. Hago que cada cosa encuentre su sitio. Las ordeno, hago que cada una encuentre su tiempo en mi agenda o, con todo el dolor de mi corazón, las echo de ahí. Ya vendrán tiempos mejores, y dejar algo en un momento determinado, no significa que no puedas retomarlas otro día.

Todo ello, rudimentario frente a métodos mucho más elaborados, me ayuda a tener la ilusión de control necesaria para quitarme de encima la sensación opresiva de no llegar a todo lo que quiero hacer y de no tener tiempo ni para respirar.

Todo esto sirve para contar que estoy en un momento de lista cerrada. Voy por el mundo diciendo que no a cosas a las que en otro momento probablemente me tiraría de cabeza, pero toca priorizar, mirar la lista e ir llenándola de tachones, paso a paso, día a día. Es un gran alivio, y consigue que las cosas que se supone que deberían ser divertidas vuelvan a serlo, y las que me permiten hacer más cosas divertidas no se me coman la misma vida.

Y tener tiempo para sentarme en el sofá y ver como Imperator pasa de sus listas durante un fin de semana entero, y echarse una siesta o jugar a la consola (aunque sea porque eso estaba en nuestras respectivas listas) es una de las mejores ventajas adicionales de todo este montaje.

Las hormigas

27 julio 2009
Recomendadísmo, por cierto.

Recomendadísmo, por cierto.

Para mi cumple unos amigos me regalaron el libro “Las hormigas”. Lo cierto es que me ha encantado, y ahora sé un montón más sobre esos bichos, lo cual no es necesariamente un motivo de paz interior.

Una de las cosas que he aprendido sobre ellos es que su cuerpo está lleno de almacenes de comida. Tienen varios buches con múltiples finalidades, algunos de ellos puramente sociales, que usan para alimentar a otras hormigas en ocasiones de encuentros, de celebración, cuando hay enfermos o larvas, o para mostrar respeto. Pueden destinar algunos de esos buches a contener determinados tipos de comida para usarse en ocasiones específicas. Y creo que eso me ha enseñado.

Todos sabemos muy bien la teoría; hay muchas maneras de tomarse las cosas. Casi siempre podemos optar por ver la parte positiva o negativa de una determinada situación, a interpretarla como una tocada de narices o como una oportunidad. Pero hay que tener muy claro en qué buche guardas y de qué buche te alimentas. Cuáles son tus opciones, si es que tienes, y hasta que punto puedes ser autosuficiente cuando lo necesitas.

Hoy, un señor a quien no le tengo mucho cariño me ha dirigido un correo electrónico en el que me comunicaba que voy a abandonar mi actual puesto de trabajo para incorporarme en otra zona de la entidad a partir del miércoles.

Eso tiene un montón de implicaciones pero la principal, a mi modo de ver, es que va a costarme mucho más tiempo en desplazamientos (del orden de una hora y media a dos diarias) y más dinero en transporte. Sumémosle a esto el hecho de que ahora mismo ya es una tocada de narices hacer este horario, que te tiene en ayunas (salvo lo que puedas engullir en quince minutos) durante siete horas al día, que sumadas al tiempo de transporte se traduce en un desbarajuste alimentario del recopón, cosa que afecta al perímetro de mis caderas, a mi bolsillo y a mi humor. Mal rollo.

Al mismo tiempo tiene la inconmensurable ventaja de perderle de vista durante una buena temporada, y esperar que, vista esa maravillosa e inminente fusión que va a producirse, pueda esperar lejos de su alcance a ver cómo alguien le da una buena patada en el culo. Oh, sí. Me pongo tonta cada vez que pienso en ello. Vamos a añadir la ventaja de que, además, me muevo a una zona en la que, cuando se produzca la fusión, no va a haber tanto solapamiento, por lo que sobrará menos gente. Además; esos desplazamientos implicarían tener tiempo para muchas cosas para las que me cuesta trabajo encontrar tiempo en mi día a día como, por ejemplo, leer. Es decir; el panorama no es tan desolador.

El caso es que, además, en el convenio que hay con el equipo de soporte en el que estoy (hasta el miércoles) figura que, en el caso de que tenga que dejar el equipo, se me debe reubicar en mi misma zona, con preferencia cerca de mi domicilio. Podría tirar de eso, a costa de poner en juego mi futuro laboral (que por menos de esto se han quitado de enmedio a gente).

Y ahora, señoras y señores, viene mi dilema. Porque no sé si aceptar e irme o complicarme/le la vida y quedarme. ¿De qué buche debería comer?. Supongo que en cuanto vea la propuesta el miércoles decidiré, cual hormiguita. Qué gran ventaja es tener opciones.

Reality bites

13 julio 2009

Hay pocas cosas más gratificantes que intentar echar una mano a un amigo y tener la sensación de que lo has conseguido.

Batiendo récords

18 junio 2009

Creo que hacía mucho timepo que dejaba tanto entre posts.

Os podría contar lo de siempre, pero, total, tampoco es que me hagan falta muchas excusas. A veces se escribe más, otras un poco menos, y es lo que hay. Estoy segura de que seguís durmiendo exactamente lo mismo.

Estos días he andado liada con la secta. Por varios temas y por varios papeles distintos que desempeño. Curro las mismas horas, pero parece que el tiempo me cunda menos, y tengo la sensación de que este calor lo hace todo más lento, más pesado. Tengo mi proyecto en pañales, y creoe que el tiempo empieza a apremiar, por poco que me apetezcan a mí ahora estos achuchones. Con este panorama por delante, he visto como mi ritmo de actividad descendía drásticamente, mis noches se hacen mucho más complicadas de dormir y hacen que lleve los párpados a media asta todo el día. Hago manualidades tranquilamente en el sofá, rodeada de gatetes y con el larguirucho a pocos pasos. A veces abro mucho la terraza y dejo que el aire circule libremente. Se está a gusto. Es como chocolate fundido con ruido de tráfico.

Mi padre ha vuelve a enfrentarse a una mala racha. No ha llegado a un acuerdo con la gente del trabajo y parece que la semana que viene le cae el finiquito. A todas estas ha tenido que firmar la última declaración de la renta de mi madre (el pobre lo ha hecho llorando) y la suya propia, que le ha salido a pagar un buen buen pico. Es un tío fuerte, inteligente y capaz, pero cada vez le veo un poco más erosionado. Ojalá pudiera encontrar algo que le devolviera la chispilla, aunque fuera a ratos.

En el curro… Las cosas andan más raras de lo normal. El panorama en el sector bancario es una especie de carnaval, pero sin las plumas ni las lentejuelas. Espero ver como las cosas se calman en poco tiempo, que a más de un conocido se le reabren las úlceras ante tanta incertidumbre. Yo me conformo con que me paguen la extra y me respeten las vacaciones, por el momento. El resto ya se andará.

Y, dando paso a la noticia estrella de los últimos días; efectivamente, Imperator y yo hemos firmado ante un señor que se dedica a dar fe (profesionalmente) que somos pareja. Me ha sorprendido la reacción que ha tenido mucha gente; la parte de exigencia de cañas es comprensible (aquí todo el mundo busca cualquier excusa para autoinvitarse a cerveza :D), pero esta mañana una amiga ha llegado a decirme que cómo no le había dicho nada, que ella quería haber estado en la firma. Bueno; solo hemos puesto por escrito ante un señor algo que es una realidad desde el año pasado, y tenemos la tranquilidad de que determinados contratiempos, de suceder serían más sencillamente gestionables. El paso grande hace tiempo que lo dimos. Y estoy muy contenta por ello.

Nota a parte; en un par de semanas exactas me caen los 30. Habrá cena y juerga (espero) el fin de semana. Vayan haciendo un hueco en sus agendas 😀

Puerta al verano

25 mayo 2009

Un invierno, poco antes de la Guerra de las Seis Semanas, mi gato, Petronio el Árbitro, y yo vivimos en una granja de Connecticut. Dudo que la granja siga allí, ya que se hallaba cerca del área de tiro cercana a Manhattan, y esas construcciones de viejo armazón arden como papel de seda. Pero aunque siguiera de pie no sería utilizable como vivienda por los derribos. Pero a Pet y a mí nos gustaba. La falta de agua corriente hacía que el alquiler fuese bajo, y lo que antes había sido el comedor tenía una buena luz del norte para mi mesa de diseño.
(…) Pet solía utilizar su propia puerta salvo cuando conseguía que yo le abriese una de las que utilizaban las personas, lo cual era de su preferencia. Sin embargo nunca utilizaba una puerta cuando había nieve en el suelo.
Cuando Pet era muy pequeño, todo pelusa y ronroneos, ya había adquirido una sencilla filosofía: yo me ocupaba de la vivienda, del racionamiento y del tiempo, y él se ocupaba de todo lo demás; pero me hacía especialmente responsable del tiempo.
Los inviernos de Connecticut solo son adecuados para las tarjetas de Navidad; aquel invierno, Pet observaba con regularidad su propia puerta, negándose a salir debido a aquella desagradable sustancia blanca que había en el exterior -no era ningún tonto-, y luego me hostigaba para que abrise una de las puertas para personas. Estaba convencido de que al menos una debía conducir a un tiempo de verano. Eso significaba que en cada ocasión tenía que ir con él a cada una de las once puertas, mantenerla abierta hasta que se convenciera de que también allí era invierno, y luego pasar a la puerta siguiente mientras sus críticas a mi mala administración crecían con cada decepción.
Luego permanecía en el interior hasta que la presión hidráulica materialmente le obligaba a salir. Cuando regresaba, el hielo de sus patas resonaba como zuecos sobre el suelo de madera, y me miraba y se negaba a ronronear hasta que se lo había arrancado todo… después de lo cual me perdonaba hasta la próxima ocasión.
Pero nunca abandonó su búsqueda de la Puerta al Verano. (…)

Robert A. Heinlein. Puerta al Verano.

Voy a reconocer sin ambages que este libro me gusta hasta el absurdo. Supongo que tiene algo que ver con que salgan gatos, que siempre le arreglan el día a una (y más uno como este, que bebe Ginger Ale), pero también con esa sensación que te hace pensar en lo Petronio que podemos llegar a ser todos a veces, esperando que otro venga y nos abra la Puerta al Verano. A veces sigues mirando con esperanza, como por inercia, sabiendo que si toca invierno acabarás pringado de hielo, porque hay que esperar a que sea verano para que cualquier puerta te lleve al buen tiempo.

… Pero una Puerta al Verano. Que escasas son, las jodías.

[Editada el día 6 de junio para corregir una catalanada en el redactado original, gracias a la atención de C.B., que no es más majo porque no le cabe :)]

Comunicación

4 mayo 2009

La comunicación es un fenómeno francamente interesante. Sí, fenómeno. Es algo que a veces se da y otras no. Depende de muchos factores. Y a veces falla. Un mismo mensaje es suceptible de ser interpretado, reinterpretado y malinterpretado. Un emisor puede intentar emitir un mensaje que puede no ser bien comprendido por el receptor, o perderse por culpa del medio, o quedar oculto tras el ruido. Qué más da.

Hay veces que el mensaje llega. Luego solo queda decidir qué se hace con él.

Back from Isengard

20 abril 2009

La verdad por delante; el camino de Santiago no es para todos los públicos. No es una visita a Disneylandia ni un paseo de domingo por la mañana. Eso sí; han sido unas vacaciones maravillosas. Y lo han sido por la belleza de los paisajes de Galicia, por el Románico, por la vegetación y por el dramatismo de las casas abandonadas, chorreando vegetación, por los líquenes en las piedras ennegrecidas y por los millones de tonos verdes de los que me he llenado los ojos. Lo han sido más aún por la compañía (de Babi y Hernán, de toda la gente que nos hemos cruzado por el camino, de Pedro que nos acogió cuando no podíamos con nuestra alma y, ante todo, por Imperator, colosal compañero de viaje), pero ha sido, ante todo, un desafío a mis propios límites, una demostración de que la voluntad (de seguir, de no caer en excusas y de pasarlo bien) puede, si no con todo, con la mayor parte de cosas que podían haber arruinado esta experiencia desde el día 1.

Espero colgar una crónica más amplia en otro momento. De momento os dejo con una muestra de todas las cosas chulas que hemos visto y hecho.

El río Miño a su paso por Tui

El río Miño a su paso por Tui

La casa de Chtulu

La vida se abre paso (o La casa de Chtulu)

Durante una semana los mojones marcaron nuestro camino.

Durante una semana los mojones marcaron nuestro camino.

Una vista a-con-go-jante de la ría de Vigo.

Una vista a-con-go-jante de la ría de Vigo.

Sí, son mis pies. No preguntéis ;)

Sí, son mis pies. No preguntéis 😉

Tipo sexy en pose desafiante.

Tipo sexy en pose desafiante.

Mensaje de Babi y Hernán

Mensaje de Babi y Hernán

El final del camino, con las compostelanas para ateos no mentirosos, que cuestan lo mismo de ganar pero son mucho más cutres.

El final del camino, con las compostelanas para ateos no mentirosos, que cuestan lo mismo de ganar pero son mucho más cutres.

Empacando.

6 abril 2009

Mi abuelo sigue vivo, y ha mejorado. Cuando la situación parecía ya insostenible el buen hombre ha sacado fuerzas de algún sitio (sospecho que parte ha sido hasta de masa muscular, porque lleva ya perdidos más de 30 kilos, y no estaba obeso) y ha salvado la inundación de sus pulmones, una crisis cardíaca, flebitis en casi cualquier sitio en el que le han podido poner una vía… Y ahora anda reponiéndose, cada día un rato más sentado, cada día comiendo un poco más. Mi abuela también ha adelgazado lo suyo, y ahora, ambos con ese aspecto flacucho y demacrado, me recuerdan a un par de pajarillos en un nido accidental en el Hospital del Mar. Olé por las enfermeras que les cuidan a ambos (a mi abuelo, ingresado, y a mi abuela que debe ser ya la abuela de media clínica), olé por los doctores y olé por todos los que han apechugado con el enfermo y con la familia. Conmigo entre ellos. Gracias a todos.

Por otra parte, finalmente, tengo panificadora. Los primeros experimentos han sido un éxito rotindo (ha habido éxitos de pipas, de orégano cn parmesano y de miel con avena) con algún experimento fallido (una masa de pizza desbordada, podría haber sido peor). Ahora, a cualquier persona que pasa por casa le enseño unos señores chuscos de pan de sabores que probablemente solo me hacen gracia a mí, pero, oye, bien chulos que me han quedado :).

Por lo demás, agradezco que el tiempo vaya siendo cada día un poco más amable. Me encanta abrir los ojos por la mañana y entrever luz entrando por la ventana, y las plantas del balcón recobrando vida y colores. Hasta el comedor parece más grande antes de anochecer. Creo que hasta yo me hago un poquito más grande.

Y con todo esto he empezado a empacar. Nos vamos una semana a andar, hacia Santiago, como podríamos haber elegido Montserrat. Bueno, vale, lo de Santiago está mucho más preparado. Pero me hace una ilusión insensata. Tengo ganas de andar, de dejar atrás caminos, pueblos, casas y gente. Tengo ganas de dedicarme unas horas al día a no hacer nada más productivo que poner un pie enfrente del otro e ir cambiando el peso. Estar con Imperator y conmigo. Puede parecer una tontería, pero tengo la teoría que a veces me conviene hacer ejercicio de este tipo para tener un tiempo para volver a conocerme y reconciliarme conmigo misma. Tal vez ese sea el misticismo que encierra el camino. Algo tan pagano como volver a presentarse a uno mismo. Tengo ganas de probar.

Un día más, un día menos

30 marzo 2009

Mi abuelo se está muriendo. Últimamente parece que todas las entradas que escriba vayan a estar preñadas de lo mismo (una voz socarrona suena en mi cabeza repitiendo que esto no va a durar eternamente, claro), pero, hijo, es lo que hay. Mi abuelo lleva tiempo muriéndose, pero últimamente más.

En realidad lleva ya tiempo en el hospital; ingresó con un tumor en la próstata, le quitaron el tumor, tuvo una infección y ahí sigue, el tío, seis semanas después. El viernes poco después de las siete de la mañana mi padre me llamó y me explicó que se estaba apagando ya del todo, que se le habían inundado los pulmones y le habían tenido que poner morfina. Porque hay pocas cosas más angustiosas que ahogarse, y para alguien que lleva ya lo suyo (cuyo cuerpo lleva tiempo luchando contra una infección y está viejo y cansado) estar sin respiración horas y horas debe ser la peor de las agonías. Salí corriendo de casa y me fui a la clínica con la intención de darle un último besito (como si eso pudiese realmente marcar alguna dierencia) y me despedí de él, de su cuerpo húmedo por el sudor frío, de ese señor que ha estado ahí toda mi vida. Solo pude desear para mis adentros un buen viaje.

Esa misma tarde, después de comer entre amigos, lloré un par de océanos. Porque arrastro últimamente un montón de despedidas y de chascos. Porque últimamente tengo una enorme sensación de futilidad. Porque no puedo evitar sentirme terriblemente sola, y a vces me asaltan mil fantasmas poniéndome en mil situaciones cercanas (tan cercanas que a veces son la mía propia) y me doy cuenta de que no quiero estar ahí. De que no quiero sudar y sufrir tanto para eso. Y eso es lo que me espera, guste o no.

No me alivia pensar que es lo que hay, y no me alivia en absoluto intentar darle la espalda a esa realidad. Sé que no debo vivir pendiente de eso, pero a veces me veo como una cría, asustada de los monstruos del armario y de debajo de la cama. En cada rincón hay un armario, y siempre termino durmiendo en una cama. Piensa en maripositas y en gatetes. Piensa en chocolate. Piensa en pegar y cortar cartulinas de colores. Y no me sale, oigan. No me sale.

El sábado mi abuelo mejoró. Empezó a expulsar líquido y recobró la consciencia. Vio el partido de basquet. Preguntó si había ido a verle su hermano. Y yo volví a casa (a comer a las siete de la tarde) feliz, sabiendo que al menos no sufría. Y desde entonces su estado ha sido una montaña rusa. Y mi abuela, mis tíos, mis primos y hermanos, mi padre (que ha enviudado hace tan poco) viven con los oídos pendientes de una llamada de movil y los ojos inquietos, igual que a ratos me veo yo.

Me muero de impaciencia y de impotencia. Cuando murió mi madre me cabreé con mi abuelo, porque se le ocurrió decir que eso había sido muy duro para nosotros, que “si al menos hubiera estado enferma nos habríamos hecho a la idea”. Le dije que no entendía cual era su forma de querer, deseándole a nadie una agonía. Le sentó como un tortazo. Y a ratos me pregunto si entre sus claros y sombras recuerda, ahora, cuando hablamos de eso. Ojalá no lo recuerde. Ojalá se haya perdido en algún rincón de su memoria y jamás vuelva a pensar en ello.

No me gustan las despedidas, pero puestos a decir adiós no veo por qué alargarlo. Espero que si vive lo que le quede le resulte fácil. Y que si se tiene que despedir lo haga como los señores; dejándonos a los demás con ganas de más. Creo que es así como debería ser.